CIUDAD DE MÉXICO, a 01 de septiembre de 2026.— Las redes dedicadas al tráfico ilegal de loros en México han cambiado durante las últimas tres décadas y ahora muestran una mayor conexión con la demanda de las ciudades, de acuerdo con una investigación que reconstruyó los corredores donde existe mayor probabilidad de traslado de estas aves.
El trabajo, liderado por la Universidad Nacional de Australia con participación de la Universidad Estatal de Arizona, examinó más de 6 mil registros de confiscaciones correspondientes al periodo de 1997 a 2024.
Los científicos dividieron la información en tres etapas para observar cómo reaccionó el mercado ilegal ante cambios como la prohibición nacional de capturar y comercializar loros nativos decretada en 2008 y las alteraciones registradas durante la pandemia de Covid-19.
El resultado apunta a una transformación. En los primeros años, los registros estaban más relacionados con condiciones de pobreza y captura oportunista en zonas rurales. Después de 2008 comenzó a cobrar mayor peso el tamaño de la población humana y la demanda por determinadas especies.
Entre 2020 y 2024, el tamaño de la población humana se convirtió en el único factor socioeconómico significativo identificado por el estudio, consolidando a los centros urbanos como puntos centrales de la demanda.
Península de Yucatán aparece como zona crítica
Para estimar por dónde podrían circular las aves, los investigadores adaptaron un modelo empleado originalmente para estudiar la conectividad de especies en paisajes naturales.
Las áreas donde viven los loros fueron consideradas puntos de origen y los lugares de confiscación funcionaron como destinos. Al incorporar la red carretera nacional, el modelo permitió detectar los corredores donde se proyecta una mayor intensidad del tráfico.
La concentración más importante apareció en el sureste, particularmente en zonas ubicadas al este del Istmo de Tehuantepec y en la Península de Yucatán. Las conexiones hacia Villahermosa, Tuxtla Gutiérrez, Mérida y Campeche figuraron entre las de mayor flujo previsto.
También se detectaron corredores que convergen en Oaxaca de Juárez y otros a lo largo del Pacífico occidental.
Aves recorren grandes distancias
Otro hallazgo fue la separación entre los hábitats naturales y los sitios de decomiso. Numerosos ejemplares fueron confiscados a cientos de kilómetros de sus áreas de origen, incluso en grandes ciudades, lo que los autores consideran indicativo de una red de tráfico organizada de larga distancia.
Las guacamayas y los loros amazónicos aparecen entre los principales objetivos del comercio. En conjunto, la captura ilegal amenaza directamente a la mitad de las especies nativas estudiadas.
Los investigadores transformaron el mapa resultante en una plataforma digital restringida a autoridades verificadas. La herramienta permite consultar corredores de riesgo por especie y territorio para orientar inspecciones.
El modelo no acredita que cada carretera identificada haya sido utilizada en un caso específico, sino que señala las rutas con mayor flujo previsto de acuerdo con los datos analizados.
















