CIUDAD DE MÉXICO, a 11 de agosto de 2026.- Una sonrisa, un gesto de enojo o una expresión de tristeza podrían no pasar inadvertidos para tu perro. Un nuevo estudio encontró evidencia de que el cerebro de estos animales responde de manera diferente cuando observa distintas expresiones emocionales en rostros humanos.
La investigación, publicada en la revista científica iScience, utilizó resonancia magnética funcional para estudiar la actividad cerebral de perros despiertos mientras observaban fotografías de personas desconocidas. Los resultados muestran que los canes pueden diferenciar rostros felices de otras expresiones y, en determinados casos, distinguir también entre expresiones negativas.
El trabajo fue realizado por Raúl Hernández-Pérez, Luis Concha, Attila Andics, Rodolfo Bernal-Gamboa y Laura V. Cuaya, investigadores vinculados con la Universidad de Viena, la Universidad Eötvös Loránd de Hungría y la Universidad Nacional Autónoma de México.
La felicidad provoca una respuesta diferente
Los científicos realizaron dos experimentos. En el primero participaron ocho perros entrenados para permanecer despiertos durante las resonancias magnéticas. Los animales observaron rostros humanos felices y neutrales.
Las caras felices produjeron una respuesta más intensa en una amplia zona del hemisferio derecho centrada en la corteza temporal y extendida hasta el núcleo caudado. El análisis también identificó la participación del giro silviano rostral, la corteza piriforme y el giro proreano.
Para el segundo experimento participaron 12 perros, a los que se mostraron nuevas imágenes de personas con expresiones de felicidad, enojo, miedo y tristeza. Mediante un clasificador basado en aprendizaje automático, los investigadores lograron diferenciar los patrones cerebrales asociados con rostros felices frente a cada una de las tres expresiones negativas estudiadas.
Los científicos posteriormente analizaron patrones de actividad de todo el cerebro para determinar si los animales podían ir más allá de separar simplemente una expresión positiva de una negativa.
Los resultados mostraron patrones cerebrales diferenciados entre rostros que expresaban tristeza y miedo, así como entre enojo y miedo. Sin embargo, el estudio no encontró diferencias significativas entre las respuestas provocadas por caras tristes y enojadas.
Tu perro distingue expresiones, pero hay un límite
El hallazgo no significa que una mascota comprenda que su dueño está triste, feliz o enojado exactamente como lo haría otra persona.
Los propios autores subrayan que sus resultados no demuestran una comprensión de las emociones semejante a la humana. Lo que comprobaron es que determinadas expresiones faciales generan representaciones cerebrales diferentes en los perros. Las palabras felicidad, tristeza, miedo y enojo describen las expresiones mostradas en las fotografías y no necesariamente lo que el animal interpreta o experimenta subjetivamente.
Aun con esa precisión, los investigadores consideran que los resultados aportan por primera vez evidencia de que el cerebro canino puede diferenciar entre algunas expresiones humanas negativas, lo que indica un procesamiento que va más allá de distinguir únicamente entre señales positivas y negativas.
La investigación también tiene limitaciones. La segunda fase contó con únicamente 12 perros y la mayoría de los ejemplares eran border collies, una raza que ha mostrado una especial habilidad para seguir señales sociales humanas. Los autores advierten que se necesitan más investigaciones antes de generalizar los resultados a otras razas.
Además, durante los experimentos se utilizaron fotografías estáticas. En la vida cotidiana, un perro recibe información mucho más compleja de una persona, desde movimientos del cuerpo hasta otras señales sensoriales. Los científicos plantean que futuros trabajos incorporen estímulos dinámicos y situaciones más naturales.
En conjunto, el estudio aporta nuevas pistas sobre la sensibilidad del cerebro canino ante nuestros rostros y sobre la capacidad que los perros han desarrollado para procesar información social proveniente de los humanos.














