SAN FRANCISCO DE CAMPECHE, Camp., a 28 de agosto de 2026.- En México, miles de abuelas y abuelos participan activamente en la crianza de sus nietos: los acompañan a la escuela, preparan sus alimentos, supervisan tareas y permanecen a su lado mientras madres y padres trabajan. En el marco del Día de los Abuelos, reconocer este apoyo también implica mirar con empatía las circunstancias que lo hacen necesario y preguntarnos quién cuida a quienes han dedicado buena parte de su vida a cuidar a los demás.
La creciente presencia de los adultos mayores en el cuidado infantil está relacionada con transformaciones económicas, sociales y demográficas, explicó María Lucero Jiménez Guzmán, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM. Entre ellas se encuentran la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, el aumento de la esperanza de vida y el debilitamiento de servicios públicos como guarderías y escuelas con horarios prolongados. Cuando las familias no pueden pagar alternativas privadas, las abuelas y los abuelos “entran al quite”.
Entre el amor, la compañía y la necesidad económica
No existe una sola forma de vivir esta experiencia. Para algunas personas mayores, convivir con sus nietos es una fuente de alegría, compañía y cercanía con las nuevas generaciones. Incluso puede representar una nueva oportunidad para ejercer una vocación de crianza que no pudieron desarrollar plenamente con sus propios hijos debido al trabajo. También hay más hombres mayores que construyen relaciones afectivas y cercanas con sus nietos, como parte de un cambio generacional frente a los modelos tradicionales de paternidad.
Sin embargo, la participación de los abuelos también puede surgir de la pobreza, la ausencia de alguno de los progenitores, las dificultades laborales o la falta de servicios de cuidado. La condición socioeconómica de la familia, el número de hijos y nietos, la salud de las personas mayores y sus propios deseos determinan si esta responsabilidad se vive como una elección gratificante o como una obligación. Aunque la solidaridad familiar es valiosa, no debería darse por sentado que los abuelos siempre tienen tiempo, energía o recursos disponibles.
Cuando la jubilación se destina a seguir cuidando
La desigualdad se vuelve más evidente en los hogares con menores ingresos. De acuerdo con Jiménez Guzmán, algunas personas mayores utilizan su pensión, los apoyos económicos y el tiempo que esperaban disfrutar durante la jubilación para cubrir alimentos, transporte, educación y otras necesidades de sus nietos. “Nunca te jubilas de la responsabilidad. Nunca tienes un tiempo para ti”, señaló la investigadora. Así, una etapa que podría destinarse al descanso, la salud o los proyectos personales se convierte en la continuación del trabajo de crianza.
Esta carga tampoco se distribuye de manera equitativa. Las mujeres suelen asumir la mayor parte de las labores domésticas y de cuidado incluso después de haber enfrentado una doble o triple jornada durante su vida laboral. La presión familiar puede estar acompañada por la culpa: negarse a cuidar a los nietos puede interpretarse como falta de amor, aunque existan cansancio, enfermedad o dificultades económicas. Cuidar por afecto no es lo mismo que cuidar sin posibilidad de elegir, y reconocer esa diferencia es indispensable para proteger el bienestar de las personas mayores.
Cuidar debería ser una elección gratificante
La familia extensa continúa siendo una importante red de apoyo en México, especialmente ante problemas económicos, laborales o migratorios. Pero su fortaleza no debe utilizarse como sustituto de las responsabilidades del Estado y de la sociedad. Jiménez Guzmán plantea la necesidad de fortalecer los servicios públicos y construir un sistema de cuidados compartido entre las instituciones, las familias y los hombres, para que la crianza no recaiga principalmente en las mujeres mayores. Celebrar a los abuelos también significa escuchar sus necesidades, respetar sus límites y procurar que estar junto a sus nietos sea una experiencia elegida, amorosa y gratificante, no una obligación provocada por la falta de alternativas.














