Por Staff
CIUDAD DE MÉXICO, a 17 de agosto de 2026.- Una conversación con una inteligencia artificial puede comenzar con una pregunta sencilla: “¿por qué me siento así?”. Pero cuando se trata de salud mental, la respuesta de un chatbot no equivale a una consulta con un especialista, advirtió la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA).
Su titular, Yerania Emireé Enríquez López, explicó que las características de estas tecnologías —como su disponibilidad permanente, respuestas inmediatas y capacidad para mantener conversaciones— han favorecido que cada vez más personas las consulten ante situaciones de ansiedad, depresión, cambios de ánimo y otros problemas emocionales.
El problema, señaló, aparece cuando una herramienta diseñada para generar respuestas es percibida como si pudiera realizar una evaluación psicológica o psiquiátrica. La IA no puede sustituir una valoración clínica completa ni desarrollar por sí misma un proceso psicoterapéutico, identificar todos los factores de riesgo o asumir las responsabilidades éticas que implica atender a una persona.
¿Cómo sí puede ser un apoyo?
Para la CONASAMA, esto no significa que la tecnología carezca de utilidad. La IA puede funcionar como herramienta complementaria y psicoeducativa, desde ofrecer información general hasta sugerir ejercicios de respiración o ayudar a ampliar el acceso inicial a contenidos relacionados con el bienestar emocional.
La preocupación está también en la posibilidad de que una persona encuentre en una IA una respuesta que confirme sus pensamientos o interpretaciones, sin que exista un profesional que evalúe el contexto, cuestione determinadas ideas o dé seguimiento a la evolución del caso. Por ello, la dependencia llama a mantener una utilización responsable y consciente de estas herramientas, sin atribuirles capacidades que actualmente no tienen.
El debate se suma a las acciones del Gobierno de México para construir entornos digitales más seguros, especialmente para la población joven. Enríquez López ha advertido previamente sobre el tiempo que niñas, niños y adolescentes pasan frente a pantallas y redes sociales, mientras que la estrategia “ABC de las Emociones” busca fortalecer habilidades socioemocionales, autocuidado y pensamiento crítico entre adolescentes.













