SAN FRANCISCO DE CAMPECHE, Camp., a 12 de abril de 2026.- En México, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en hombres enfrentan un grave problema de subdiagnóstico, lo que retrasa su atención hasta por cinco años. Este desfase no solo complica el tratamiento, sino que aumenta los riesgos físicos y emocionales asociados a estas enfermedades, consideradas dentro de los trastornos de salud mental más complejos.
El subdiagnóstico está vinculado a factores culturales que desincentivan a los hombres a buscar ayuda. Persisten estereotipos que asocian estos padecimientos exclusivamente con mujeres, lo que deriva en la minimización de síntomas tanto por parte de pacientes como de profesionales de la salud. A ello se suma la falta de perspectiva de género en la atención médica.
Cuando el sistema de salud no detecta el problema
Especialistas advierten que, incluso cuando los hombres acuden a consulta, sus síntomas pueden ser ignorados o mal interpretados, lo que retrasa el diagnóstico correcto. Esta situación genera que muchos pacientes abandonen la búsqueda de ayuda, perpetuando el problema y reduciendo las posibilidades de intervención temprana.
Los TCA son alteraciones en la conducta alimentaria que afectan la salud física y mental. En hombres, pueden manifestarse no solo como restricción alimentaria o atracones, sino también como obsesión por la musculatura (vigorexia) o por dietas estrictas consideradas “saludables”. Estas variantes suelen pasar desapercibidas, dificultando aún más su identificación.
Señales de alerta que suelen ignorarse
Entre los principales indicadores se encuentran cambios bruscos de peso, ejercicio excesivo, ayuno prolongado, preocupación extrema por la imagen corporal o conductas compensatorias. A nivel emocional, pueden aparecer ansiedad, depresión o aislamiento social, síntomas que con frecuencia no se asocian directamente con un TCA en hombres.
Las consecuencias del subdiagnóstico son profundas. Los TCA pueden provocar daños en el sistema digestivo, problemas cardíacos y afectaciones psicológicas severas, además de impactar la vida social, académica y laboral. En los casos más graves, el retraso en la atención puede derivar en desenlaces fatales.
Visibilizar para prevenir
Frente a este panorama, especialistas coinciden en que romper el tabú es clave para reducir el subdiagnóstico. Promover la educación en salud, capacitar al personal médico con enfoque de género y fomentar la apertura emocional en hombres son pasos fundamentales para detectar a tiempo estos trastornos y garantizar atención oportuna.















