Por Karina Gómez
SAN FRANCISCO DE CAMPECHE, Camp., 13 de mayo de 2026.— Bastaron unos segundos de video, una bicicleta, un objeto parecido a un arma y el combustible más peligroso de esta época: las redes sociales. Lo que comenzó como una grabación difundida en grupos de WhatsApp terminó convertido en una ola de miedo frente al Instituto Mendoza, donde un menor de edad fue señalado públicamente como supuesto “sicario” antes de que las autoridades confirmaran los hechos.
El video que detonó la alarma
La escena ocurrió en las inmediaciones del plantel educativo. En la grabación se observa a un adolescente vestido de negro mostrando lo que aparentaba ser un arma de fuego. El contexto nacional, marcado por amenazas virales y falsas alertas escolares, detonó la preocupación de madres y padres de familia.
Mientras el video circulaba sin control, crecieron las llamadas de emergencia, los mensajes alarmistas y las acusaciones en redes sociales. En cuestión de minutos, la narrativa pública ya había condenado al menor, pese a que posteriormente se confirmó que el objeto era una réplica de juguete adquirida en un comercio local.

Autoridades descartan amenaza real
La Secretaría de Protección y Seguridad Ciudadana (SPSC) y el propio Instituto Mendoza emitieron comunicados para contener el temor colectivo. La escuela informó que activó sus protocolos internos, reforzó la vigilancia, anunció revisiones aleatorias de mochilas y ofreció acompañamiento psicológico a la comunidad estudiantil.
La SPSC confirmó que el caso quedó bajo seguimiento y precisó que no existió una amenaza real armada dentro del plantel. Sin embargo, el episodio dejó abierta una discusión más incómoda: la facilidad con la que un menor fue exhibido, etiquetado y sentenciado en redes sociales.
El tribunal de las redes
Padres de familia reconocieron que el miedo fue inevitable ante el clima de violencia y los recientes “retos virales” vinculados con amenazas escolares, pero también señalaron que la difusión de información sin verificar provocó una sobrerreacción colectiva.
Especialistas en convivencia escolar advierten que estos casos reflejan una crisis social donde el miedo se impone sobre la prudencia. El problema, señalan, no fue únicamente el juguete, sino la rapidez con la que una comunidad puede construir una narrativa de criminalización alrededor de un adolescente.
Llaman a evitar juicios contra menores
El caso también abrió cuestionamientos éticos sobre la difusión del video y la exposición pública del estudiante, pues al tratarse de un menor de edad, su imagen y situación no debieron circular masivamente entre usuarios que lo señalaron sin esperar información oficial.
En medio del escándalo, el Instituto Mendoza pidió evitar juicios condenatorios y recordó a las familias que “ese alumno pudo haber sido tu hijo”. Lo ocurrido dejó una lección amarga en Campeche: en tiempos donde el miedo viaja a la velocidad de un clic, una pistola de juguete puede convertirse, por unas horas, en el centro de una crisis colectiva.













