En los 70 mi mamá aplicaba una teoría regulatoria mucho antes de que existiera la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT). Decía que los frijoles había que limpiarlos antes de cocinarlos. No por obsesión culinaria, sino porque entre los granos buenos siempre vienen piedritas, cáscaras y semillas partidas que solo sirven para arruinar el caldo.
Durante años pensé que aquello era explotación infantil doméstica de mi jefa. Hoy descubrí que era entrenamiento para entender el mercado mexicano de telecomunicaciones.
El nuevo Registro de Líneas Telefónicas nació con la promesa de combatir las extorsiones y reducir el anonimato. Sin embargo, los números muestran una bonita limpieza profunda del mercado móvil. Como lo dije hace semanas, el registro está sirviendo para limpiar, depurar, purificar, sanear, mejorar, purgar, o destilar el mercado móvil.
Reportes de la consultora The Competitive Intelligence Unit (The CIU) que encabeza mi amigo Ernesto Piedras, reporta que el padrón obligatorio provocó una desconexión masiva de líneas inactivas y de bajo consumo. El país pasó de 162 millones de líneas móviles en diciembre de 2025 a 157.1 millones en junio de 2026. Es decir, desaparecieron casi cinco millones de números.
La reacción inmediata de algunos fue la clásica visión alarmista. “¡El mercado se está contrayendo!”. Pero eso equivale a llorar porque el kilo de frijoles se redujo a tres cuartos después de limpiarlos.
Lo importante no es cuántas líneas desaparecieron, sino qué tipo de líneas eran. Muchas correspondían a chips olvidados en cajones, promociones temporales, números duplicados o usuarios que recargaban lo mínimo indispensable para evitar la cancelación. Eran clientes que ocupaban espacio estadístico sin aportar demasiado valor, salvo el nominal.
Y aquí aparece la parte divertida de esta historia regulatoria. Mientras el número de líneas baja, los ingresos suben.
Según The CIU, durante el segundo trimestre de 2026, el mercado móvil mexicano generó 97 mil 506 millones de pesos, un crecimiento anual de 5.3%. El segmento de servicios avanzó 7.7% y el ARPU (el famoso ingreso promedio por usuario) aumentó 6.4% hasta 151.4 pesos mensuales, su mayor expansión desde la reactivación postpandemia de 2021. Efectivamente. Hay menos usuarios de adorno y más clientes que sí pagan.
Recordemos que la CRT estableció (además de una prórroga) una suspensión paulatina de líneas no vinculadas a partir de agosto de 2026. Esto mantiene la presión sobre el segmento de prepago, particularmente para Telcel, AT&T y Movistar. El prepago que durante décadas fue el reino de la masividad hoy parece amenazado.
Hay quienes ven esta reducción como una tragedia cuando en realidad son buenas noticias para algunos operadores que han visto una evolución favorable en el perfil de su cartera de clientes.
AT&T México es un ejemplo de cómo esta depuración puede convertirse en oportunidad. La empresa reportó ingresos totales por mil 224 millones de dólares en el segundo trimestre, un incremento interanual de 16.1%. Su negocio de postpago creció 20.7% y superó los 7.5 millones de suscriptores. El ARPU de ese segmento alcanzó 155.4 pesos mensuales, lo que representa un crecimiento anual de 5.9% medido en pesos, según The CIU.
La propia dirección de la compañía, encabezada por Mónica Aspe, reconoció que la caída en prepago era un efecto anticipado de la depuración regulatoria.
Lo interesante es que esta transformación coincide con otro cambio estructural. El consumo de datos sigue creciendo (5.6% anual según The CIU) y los usuarios migran voluntariamente hacia planes de mayor capacidad.
En contraste, la venta de equipos cayó 1.4%. Los teléfonos son más caros y la gente tarda más en reemplazarlos. Otra señal de madurez porque el negocio ya no depende tanto de vender aparatos brillantes cada doce meses, sino de monetizar la conectividad de manera recurrente.
Así que quizá convenga mirar el Registro Telefónico con menos dramatismo y más espíritu de cocina mexicana tradicional. Limpiar frijoles nunca aumenta la cantidad de granos en la cazuela, pero si mejora la calidad del caldo.
En telecomunicaciones, como en los frijoles de mamá, a veces un mercado más pequeño puede resultar mucho más nutritivo para quienes viven de él.
Generación plateada
Durante años, la tecnología avanzó bajo la premisa de que lo nuevo debía estar diseñado para los jóvenes. Aplicaciones bancarias difíciles de navegar, trámites completamente digitalizados, plataformas de comercio electrónico poco intuitivas y servicios automatizados terminaron desplazando a millones de personas mayores de 50 años. El problema no ha sido la falta de interés de mi generación plateada, sino una industria que pocas veces se detuvo a entender sus hábitos, capacidades y necesidades. En México, este segmento ya supera los 30 millones de personas, representa alrededor de 23% de la población y crece diariamente con más de 4,000 mexicanos que cumplen 50 años.
La paradoja es que la misma tecnología que durante años profundizó la brecha generacional ahora puede convertirse en la herramienta para cerrarla. Un ejemplo es Soy Más, el ecosistema digital dirigido por Alberto Saracho Martínez, que busca desarrollar productos, servicios e información para las personas mayores de 50 años. La incorporación de Invex como inversionista estratégico permitió cerrar una ronda de capital por 3 millones de dólares, en la que también participaron Genworth Financial de México y Profuturo Capital. Los recursos se utilizarán para fortalecer la plataforma digital, ampliar sus herramientas tecnológicas y desarrollar soluciones relacionadas con banca, salud, turismo, vivienda, entretenimiento, patrimonio y bienestar.
La inversión también confirma que la economía plateada dejó de ser un mercado marginal para convertirse en una oportunidad estratégica. Soy Más mantiene alianzas con más de 60 empresas y busca acelerar su expansión regional en un contexto en el que, para 2050, cuatro de cada diez habitantes de América Latina tendrán más de 50 años. La tecnología no debe utilizarse para sustituir, ignorar o excluir a esta generación, sino para devolverle autonomía, facilitarle el acceso a servicios y reconocer su peso económico a nosotros los cincuentones.
Acceso denegado
La tecnología y los servicios de seguridad privada caminan juntos. Desde los accesos biométricos en corporativos, hasta los escáneres de rayos X y cámaras en aduanas e instalaciones estratégicas del país, los sistemas automatizados dependen de personal especializado. Sin embargo, en esta industria también operan ovejas negras que prefieren ampararse antes que cumplir la ley.
En ese terreno se encuentra el Grupo de Seguridad Privada Pryse de México. Esta firma está en el centro de la polémica dentro del Poder Judicial por evadir sanciones administrativas. El titular del Juzgado Décimo Sexto de Distrito, Gabriel Regis López, otorgó suspensiones definitivas para congelar las inhabilitaciones dictadas por el OIC del IMSS y la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno contra esta proveedora.
Sin embargo, un Tribunal Colegiado frenó el atajo judicial. Los magistrados revocaron la medida al constatar la violación al artículo 134 constitucional, que exige transparencia en las compras públicas. Pryse acumula contratos por más de 14 mil millones de pesos, para servicios de seguridad privada y vigilancia en circuito cerrado para control de accesos, rondines, protección de instalaciones, muchos de ellos incumplidos. Ojo porque la resolución meterá otra vez a la empresa al registro de sancionados, pero en una de esas, aparecen los duendes.













