WASHINGTON, EU, a 6 de julio de 2026.- La habilitación del delantero estadounidense Folarin Balogun para disputar el partido de octavos de final ante Bélgica desató una fuerte polémica en el Mundial 2026, luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, admitió que pidió a la FIFA revisar la tarjeta roja mostrada al jugador en el duelo contra Bosnia-Herzegovina.
El punto central del caso es que la FIFA no informó la anulación de la tarjeta roja. Lo que hizo la Comisión Disciplinaria fue suspender la ejecución del castigo de un partido, medida que permitió a Balogun estar disponible para el encuentro contra Bélgica, pese a la expulsión sufrida en la ronda anterior.
El organismo aplicó el artículo 27 de su Código Disciplinario, que permite suspender la ejecución de una sanción. La sanción sigue existiendo, pero su cumplimiento queda detenido bajo determinadas condiciones. En este caso, reportes internacionales señalan que el castigo quedó bajo un periodo de prueba de un año.
Trump admite que pidió una revisión
La controversia creció después de que Trump reconoció públicamente que pidió a la FIFA revisar la expulsión de Balogun. El mandatario afirmó que vio la jugada y que, a su juicio, “no fue falta” ni “infracción”, sino un choque entre dos futbolistas que corrían a velocidad y terminaron enredados.
Trump también cuestionó al árbitro brasileño Raphael Claus, responsable de la expulsión tras la revisión de la jugada, al calificarlo como “sospechoso”. Esa afirmación debe atribuirse únicamente al mandatario estadounidense, ya que en sus declaraciones no presentó pruebas para sustentarla.
El presidente de Estados Unidos dijo además que desconocía el alcance de una tarjeta roja directa y que, al enterarse de que podía dejar fuera a un jugador del siguiente partido, consideró injusta esa consecuencia. Trump defendió su intervención como un intento de corregir lo que describió como una mala decisión arbitral.
Infantino defiende la independencia de FIFA
Ante las críticas, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, emitió una postura pública a través de FIFA Media, en la que confirmó que recibió una llamada de Trump sobre el caso Balogun, pero sostuvo que explicó al mandatario que había un proceso legal en curso ante los órganos judiciales independientes de la FIFA.
Infantino afirmó que los órganos judiciales del organismo “son independientes”, que operan de manera autónoma, aplican el Código Disciplinario de la FIFA y resuelven los casos con base en las reglas aplicables y los hechos específicos de cada expediente.
El dirigente también defendió que esa independencia es esencial para la credibilidad y la integridad del fútbol. Según su postura, puede estar de acuerdo o en desacuerdo con determinadas decisiones disciplinarias, pero debe respetar la autonomía de los órganos que las emiten.
Con ese mensaje, FIFA buscó marcar distancia entre la llamada de Trump y la resolución final de la Comisión Disciplinaria. Infantino insistió en que la decisión correspondió a las instancias competentes y que el respeto a las instituciones independientes protege la integridad de las competiciones y la credibilidad del organismo.
UEFA y Bélgica cuestionan la resolución
La decisión generó inconformidad en Europa. La UEFA criticó la habilitación de Balogun y afirmó que FIFA “cruzó una línea roja”, al considerar que la certeza de las reglas queda comprometida cuando los criterios disciplinarios no se aplican de forma clara.
La Federación Belga de Fútbol también pidió explicaciones por la resolución, debido a que Bélgica enfrentará a Estados Unidos en los octavos de final. La molestia se centra en que Balogun, uno de los jugadores más importantes del ataque estadounidense, podrá participar pese a haber sido expulsado en el partido anterior.
El técnico de Estados Unidos, Mauricio Pochettino, recibió de manera positiva la decisión, aunque también buscó separar el tema deportivo de cualquier lectura política. El entrenador valoró contar con Balogun, pero subrayó la importancia de la ética y la integridad en el fútbol.
Una polémica que rebasa la cancha
El caso Balogun llega en un contexto delicado para la FIFA, pues Estados Unidos es uno de los países anfitriones del Mundial 2026 y su selección sigue con vida en la competencia. Esa condición elevó el impacto político y deportivo de la decisión.
Lo confirmado hasta ahora es que Trump pidió revisar la jugada, que Infantino recibió la llamada, que FIFA sostiene que sus órganos disciplinarios actuaron de forma independiente y que la sanción de Balogun fue suspendida en su ejecución, no eliminada de manera simple.
La polémica, sin embargo, seguirá abierta por el precedente que deja. Para FIFA, el reto será demostrar que sus decisiones disciplinarias se toman con autonomía y con base en el reglamento. Para sus críticos, el caso abre una duda incómoda sobre los límites entre la política, el poder institucional y la justicia deportiva en el torneo más importante del mundo.














