Por Staff
LIMA, PERÚ, a 11 de septiembre de 2026.— El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, concluyó en Perú una gira relámpago por América Latina enfocada en profundizar la cooperación con gobiernos ultraconservadores para combatir el narcotráfico y el crimen organizado a través del Escudo de las Américas, una coalición de más de 15 países liderada por Washington. Tras visitar Ecuador y Colombia, el funcionario se reunió en Lima con la presidenta derechista Keiko Fujimori, quien asumió el poder a finales de julio.
Durante el encuentro, Fujimori anunció la incorporación oficial de Perú al bloque de seguridad, destacando que esta adhesión permitirá obtener información más rápida y actuar con mayor firmeza frente a las redes delictivas. Asimismo, la mandataria celebró la decisión política del presidente estadounidense Donald Trump de mirar hacia Latinoamérica y resaltó la reciente captura en Bolivia de un cabecilla de extorsionadores peruanos gracias al intercambio de inteligencia con el Buró Federal de Investigaciones (FBI).
Endurecimiento de la estrategia de seguridad y el rol de las Fuerzas Armadas
Perú, un país de 34 millones de habitantes, atraviesa una severa crisis de seguridad en la que los homicidios se multiplicaron por 2.6 entre 2018 y 2025, mientras que las denuncias por extorsión crecieron ocho veces. Ante este panorama, la administración peruana se comprometió a reforzar la lucha anticrimen con la participación activa de militares y a catalogar como “terroristas” a los grupos criminales más violentos, replicando la postura impulsada desde Washington.
Por su parte, Marco Rubio defendió la presencia e injerencia de Estados Unidos en la región al señalar que no se trata de un favor, sino de una prioridad esencial para la seguridad, prosperidad y bienestar mutuo. “No haremos nada que nuestros socios no nos pidan hacer. Esto es una democracia”, aseguró el jefe de la diplomacia estadounidense.
La tensión geopolítica y el contrapeso comercial con China
La visita de alto nivel se desarrolló en un contexto de marcada rivalidad geopolítica, en el cual Washington ha definido como una prioridad de seguridad nacional la contención de la influencia de China, Rusia e Irán en América Latina. Previamente a la llegada de Rubio, la embajada de Pekín en Lima advirtió a través de sus cuentas oficiales que “el hemisferio occidental no es el ‘patio trasero’ de nadie”.
Pekín mantiene una fuerte presencia económica en el territorio peruano mediante la explotación de grandes minas de cobre —siendo Perú el tercer mayor productor mundial de ese metal—, inversiones en energía e infraestructura, y la operación de un megapuerto en aguas profundas que agiliza el tránsito comercial hacia Asia. Datos oficiales apuntan a que el intercambio comercial entre Perú y China superará en 2026 los 50 mil millones de dólares, duplicando con creces el flujo comercial con Estados Unidos.
A pesar de la presión estadounidense, la presidenta Keiko Fujimori subrayó que su gobierno mantendrá una relación comercial abierta con las naciones asiáticas, enfatizando que el país continuará exportando minerales, productos pesqueros y agrarios hacia diversos mercados de Asia sin subordinarse a interferencias de terceros















