Por Staff
WASHINGTON D.C., EU., a 05 de agosto de 2026.- El impacto accidental de una etapa del Falcon 9 de SpaceX contra la Luna volvió a poner sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la exploración espacial: el manejo de la basura espacial que permanece en órbita tras el lanzamiento de misiones.
La estructura, utilizada en una misión lunar de 2025, quedó vagando en el espacio durante más de un año hasta que las fuerzas gravitacionales de la Tierra, la Luna y el Sol modificaron su trayectoria, provocando una colisión a una velocidad superior a siete veces la del sonido.
El choque liberó una energía equivalente a tres toneladas de TNT y generó un cráter cercano a los 30 metros de diámetro, una marca diminuta en comparación con los millones de cráteres naturales que cubren la superficie lunar.
Si bien los especialistas descartan cualquier peligro para la Tierra o para las misiones actuales, el incidente evidencia que el aumento de lanzamientos espaciales también incrementa la posibilidad de impactos involuntarios sobre cuerpos celestes.
Ante el regreso de la exploración lunar con programas como Artemis y el crecimiento de las misiones privadas, científicos y agencias espaciales impulsan nuevas medidas para que las futuras etapas de cohetes sean enviadas a órbitas de descarte o trayectorias seguras, reduciendo así el riesgo de dejar nuevas huellas humanas en la superficie de la Luna.














