Ciudad de México, 21 de abril de 2026.– Las investigaciones sobre el ataque armado en la zona arqueológica de Teotihuacán apuntan a que el agresor, identificado como Julio César Jasso Ramírez, actuó motivado por una combinación de discurso de odio y la intención de imitar la masacre de Columbine, uno de los tiroteos más emblemáticos en Estados Unidos.
De acuerdo con reportes periodísticos y líneas de investigación, el atacante tenía una fijación con la Masacre de Columbine, ocurrida en 1999, la cual ha sido replicada en otros episodios de violencia bajo el fenómeno conocido como copycat.
Entre sus pertenencias se encontraron referencias explícitas a ese hecho, incluyendo escritos, imágenes y materiales que evidencian una admiración por los perpetradores de aquel ataque.
Discurso de odio, el detonante
Las autoridades detectaron que el agresor también mantenía expresiones de odio sistemático, con contenidos de carácter xenófobo, misógino y extremista, lo que refuerza la hipótesis de una radicalización previa al ataque.
Este componente ideológico es considerado clave, ya que el sujeto no solo buscaba replicar un acto violento, sino también transmitir un mensaje alineado con posturas de intolerancia.

Actuó en solitario
El responsable, quien residía en la alcaldía Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México, actuó solo, sin vínculos con células delictivas, según los primeros reportes oficiales.
El ataque se registró en la Pirámide de la Luna, donde abrió fuego contra turistas, provocando la muerte de una mujer y dejando varios heridos, en un hecho que generó conmoción nacional e internacional.
Durante las diligencias, se confirmó que portaba literatura violenta, notas personales y material relacionado con ataques armados, lo que apunta a una planificación deliberada.
Los indicios recabados sugieren que el agresor construyó un perfil ideológico y operativo durante semanas o incluso meses antes del atentado.
Problemas psicológicos y señales de alerta
Otra de las líneas de investigación indica que el individuo presentaba problemas psicológicos, reflejados en sus escritos y en su comportamiento previo al ataque.
Especialistas consideran que estos factores, combinados con el consumo de contenido violento y discursos radicales, pudieron detonar el evento.
El ataque en Teotihuacán ha encendido alertas sobre la influencia de contenidos extremistas y la imitación de masacres internacionales, particularmente entre jóvenes con vulnerabilidad emocional.
Autoridades continúan integrando la investigación para determinar el alcance de estas influencias y prevenir casos similares en el país.













