WASHINGTON, EU, a 11 de junio de 2026.- El fenómeno climático de El Niño ya se instaló oficialmente en el océano Pacífico y los pronósticos de los científicos estadounidenses apuntan a un escenario que mantiene la atención de especialistas de todo el mundo. De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el evento podría evolucionar durante los próximos meses hasta convertirse en uno de los más intensos registrados desde mediados del siglo pasado.
La agencia emitió este jueves una Alerta de El Niño después de confirmar que las condiciones oceánicas y atmosféricas observadas en el Pacífico tropical cumplen con los criterios necesarios para declarar el inicio del fenómeno.
Las previsiones indican que el calentamiento continuará fortaleciéndose durante la segunda mitad del año y alcanzaría su máxima intensidad durante el invierno del hemisferio norte.
Lo que más preocupa a los especialistas es la posibilidad de que el evento alcance niveles excepcionales. Según la NOAA, existe una probabilidad del 63 por ciento de que las temperaturas superficiales del mar superen los 2 grados Celsius por encima del promedio en la región utilizada para monitorear El Niño. Si ese escenario se concreta entre noviembre y enero, el fenómeno podría ubicarse entre los eventos de mayor magnitud observados en décadas.
Un fenómeno natural con efectos que se extienden por todo el planeta
El Niño forma parte de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO), un sistema climático que influye en la interacción entre la atmósfera y el océano Pacífico tropical.
Su aparición se confirma cuando las aguas ecuatoriales del Pacífico permanecen más cálidas de lo normal durante varios meses y se presentan alteraciones en los patrones atmosféricos asociados a la llamada Circulación de Walker, un enorme sistema de vientos que normalmente desplaza el aire de este a oeste sobre el océano.
Cuando ese equilibrio cambia, también se modifican los patrones de lluvia, temperatura y circulación atmosférica en distintas regiones del mundo.
La NOAA recuerda que cada episodio es diferente, pero los eventos intensos suelen estar relacionados con cambios importantes en las condiciones meteorológicas globales.
Menos huracanes en el Atlántico y cambios en los océanos
Entre los efectos más conocidos de El Niño se encuentra la modificación de la actividad ciclónica. El aumento de los vientos en altura sobre el Atlántico suele dificultar la formación de tormentas tropicales y huracanes, mientras que algunas zonas del Pacífico oriental y central pueden experimentar condiciones más favorables para el desarrollo de ciclones.
Durante los inviernos influenciados por este fenómeno también aumentan las probabilidades de lluvias y tormentas, así como el riesgo de inundaciones asociadas a mareas altas en algunas regiones costeras, particularmente en la costa oeste.
Los efectos también alcanzan a los ecosistemas marinos. Los cambios en la temperatura del agua pueden alterar las rutas migratorias de peces y otros organismos oceánicos, modificando sus patrones de alimentación, reproducción y supervivencia.
Además, la NOAA señala que eventos anteriores de gran intensidad han estado vinculados con una mayor presencia de floraciones de algas nocivas en determinadas zonas costeras.
Como parte de la vigilancia permanente del fenómeno, la agencia comenzó a utilizar oficialmente este año el Índice Oceánico Relativo del Niño (RONI), una herramienta desarrollada para mejorar la detección y seguimiento de los eventos de El Niño y La Niña. Los científicos consideran que este sistema ofrece una medición más precisa de las anomalías oceánicas y de los cambios atmosféricos asociados al fenómeno.
Con El Niño oficialmente establecido y con perspectivas de fortalecimiento hacia finales de año, los próximos meses serán determinantes para confirmar si el planeta se encamina hacia uno de los episodios más intensos observados en las últimas décadas.














