SAN FRNACISCO CAMPECHE, Camp., a 17 de febrero de 2026.- En los últimos días, videos de jóvenes con máscaras, colas y movimientos a cuatro patas han disparado búsquedas en México —incluido Quintana Roo— sobre los therians, una comunidad que se describe como una vivencia identitaria “no humana” y que hoy divide opiniones entre curiosidad, burla y preocupación.
La palabra “therian” es un acortamiento de therianthrope (teriantropo), ligada históricamente a relatos de seres humano-animal; pero la comunidad moderna tomó forma en internet a inicios de los 90, asociada a discusiones en foros y grupos como alt.horror.werewolves, donde algunas personas comenzaron a narrar que se sentían “animales” en un sentido no físico.
En términos simples, los therians afirman identificarse parcial o totalmente con un animal (a veces llamado theriotype), ya sea desde lo psicológico, emocional o espiritual, y lo expresan mediante estética (máscaras/colas) y conductas corporales. No es lo mismo que la subcultura furry (más asociada a performance o fandom): en el discurso therian, la clave es que lo viven como identidad y no solo como juego.
“No es disfraz, es cómo me siento”
Dentro de esta cultura circulan explicaciones como “despertar” o reconocimiento personal, y prácticas de movimiento llamadas quadrobics (correr/saltar imitando un andar cuadrúpedo) que se popularizaron con tutoriales y clips virales. Algunos especialistas lo leen como búsqueda de pertenencia y comunidad, especialmente en adolescentes que se sienten fuera de otros grupos.
El salto se explica por lo “viralizable” del formato: es altamente visual, fácil de replicar y de convertir en tendencia en TikTok/Instagram/X. Esa visibilidad masiva, sin contexto, también ha disparado estigmas y narrativas exageradas (rumores escolares que se reciclan cada cierto tiempo sin evidencia sólida).
Episodios controversiales
La polémica creció por reportes específicos en Sudamérica: en Jesús María, Córdoba (Argentina), una madre denunció que su hija de 14 años fue abordada por un grupo con máscaras; según el testimonio, la olfatearon y uno la mordió en el tobillo. Es un caso presentado como denuncia en medios locales, no como rasgo general del colectivo.
Otro episodio que se volvió tendencia ocurrió en San Luis (Argentina): una autoridad del Colegio de Veterinarios relató que una persona que se autopercibía como “perro” acudió a una clínica veterinaria pidiendo atención por “moquillo”; la profesional indicó que no podía atender humanos y señaló que parecía un cuadro gripal.
El fenómeno therian mezcla identidad, performance y vida digital; pero cuando cruza a espacios públicos, el punto crítico es el mismo que con cualquier tendencia: consentimiento y seguridad. Una cosa es la autoexpresión; otra, involucrar a terceros con conductas invasivas o agresiones (como las denunciadas). En paralelo, el tema se alimenta de clips descontextualizados —como el incidente viral con fans y una joven señalada como “therian” en Buenos Aires— que empujan la conversación hacia el morbo y la generalización.













