Por Staff
CARACAS, Ven., a 30 de abril de 2026.- Tras días de búsqueda, el rastro condujo a un punto específico: un departamento en Caracas, donde se ocultaba Erika María “N”, señalada por el feminicidio de Carolina Flores Gómez.
El inmueble se localiza en el edificio Parque Alegre, en la zona de El Cigarral, dentro del municipio El Hatillo, un sector residencial donde la mujer logró pasar inadvertida tras su salida de México.
De acuerdo con las autoridades, la sospechosa habría utilizado plataformas digitales para rentar el lugar, lo que le permitió establecerse rápidamente y evitar controles iniciales.
El hallazgo fue resultado de una operación coordinada internacionalmente, impulsada por la ficha roja de Interpol y ejecutada por cuerpos de seguridad venezolanos.
El caso revela cómo, incluso en un entorno aparentemente cotidiano, un departamento común puede convertirse en escondite clave dentro de una investigación de alto impacto.
¿Qué fue lo que pasó?
El 15 de abril de 2026, la vida de Carolina Flores Gómez, exreina de belleza de 27 años, terminó de forma violenta al interior de un departamento en Polanco, Ciudad de México, donde vivía con su esposo y su bebé de apenas ocho meses.
De acuerdo con las investigaciones, una discusión familiar escaló hasta convertirse en un ataque armado presuntamente cometido por su suegra. Parte del hecho quedó registrado en una cámara de seguridad doméstica, donde se observa cómo la agresora sigue a la víctima hacia una habitación; segundos después, se escuchan múltiples disparos que marcaron el desenlace del crimen.
El caso generó indignación nacional no solo por la brutalidad del asesinato, sino por las circunstancias posteriores: el crimen fue reportado casi 24 horas después por el esposo de la víctima, lo que abrió cuestionamientos sobre su actuación y permitió la fuga de la presunta responsable.
La Fiscalía capitalina inició la investigación bajo el protocolo de feminicidio, mientras familiares y colectivos exigieron justicia, denunciando antecedentes de conflictos y tensiones entre la víctima y su suegra, que se habrían intensificado tras el embarazo.














