CIUDAD DE MÉXICO, a 30 de abril de 2026.— Un mapa satelital de alta precisión confirmó que amplias zonas de la Ciudad de México se están hundiendo a un ritmo superior a 2 centímetros por mes, una tendencia que se mantiene activa y que podría intensificarse en los próximos años.
El análisis, realizado con datos del satélite NISAR, desarrollado por la NASA y la ISRO, evidencia la magnitud de un fenómeno que lleva décadas afectando a la capital, pero que ahora puede medirse con mayor precisión y frecuencia.
Las mediciones, tomadas entre el 25 de octubre de 2025 y el 17 de enero de 2026, muestran en color azul oscuro las zonas donde el hundimiento es más acelerado. Estos cambios, aunque parecen pequeños mes a mes, se han acumulado durante décadas, provocando fracturas en calles, daños en edificios y afectaciones en sistemas hidráulicos.

Un terreno que sigue cediendo
El área metropolitana, donde viven cerca de 20 millones de personas, está construida sobre un acuífero. La extracción intensiva de agua subterránea, sumada al peso del desarrollo urbano, ha generado la compactación del antiguo lecho lacustre desde hace más de un siglo.
Este problema no es nuevo. Desde 1925 ya existían registros del hundimiento, y para finales del siglo XX algunas zonas llegaron a descender hasta 35 centímetros por año, con impactos directos en infraestructura como el Metro.
Uno de los indicadores más visibles de este fenómeno es el Ángel de la Independencia. Desde su construcción en 1910, se le han añadido 14 escalones a su base para compensar el descenso del terreno, reflejando el avance sostenido del problema.
El satélite NISAR representa un salto tecnológico en la medición de estos cambios. Su radar de apertura sintética de banda L puede operar de día y de noche, incluso en condiciones de nubosidad o vegetación densa, lo que permite monitorear movimientos del suelo en tiempo casi real. Además, es el primer satélite en combinar dos sistemas SAR en distintas longitudes de onda, lo que mejora la precisión del análisis.
Aunque algunas zonas en amarillo y rojo corresponden a ruido en los datos, se espera que estas señales se reduzcan conforme el sistema continúe recolectando información.
Especialistas advierten que este tipo de monitoreo será clave para anticipar riesgos, evaluar daños y comprender mejor cómo evoluciona el terreno en ciudades vulnerables. En el caso de la capital mexicana, el mapa confirma que el hundimiento no solo continúa, sino que sigue siendo un desafío estructural activo.












