Por Karina Gómez
NUNKINÍ, CALKINÍ, Camp., a 9 de abril del 2026.– Entre maderas, huano y la memoria viva de sus habitantes, el tablado tradicional de Nunkiní se erige cada año como el corazón de la fiesta patronal, consolidándose no solo como una estructura efímera, sino como un poderoso símbolo de identidad cultural y atractivo turístico en esta comunidad del municipio de Calkiní.
En las poblaciones mayas de la península de Yucatán, las festividades patronales marcan el pulso de la vida colectiva, y en Nunkiní no es la excepción. Durante varios días, gremios, vaquerías y celebraciones populares reúnen a familias, visitantes y migrantes que regresan a su tierra, teniendo como epicentro el tablado artesanal: un espacio que transforma el entorno y fortalece los lazos comunitarios.
El ruedo, integrado por 72 palqueros, es levantado por manos locales que heredan conocimientos de generación en generación. Cada familia dispone de un tramo donde construye su palco con técnicas tradicionales. Tal es el caso de Sabino Kantún Huchim, quien hoy encabeza esta labor tras continuar el legado de su padre, involucrando a nuevas generaciones para garantizar la permanencia de esta práctica ancestral.
La estructura, elaborada con materiales como madera y huano, se construye en apenas dos o tres días y tiene la capacidad de albergar a cerca de 500 personas. En el palco coordinado por Sabino, hasta 60 asistentes pueden disfrutar de corridas, charlotadas y espectáculos distribuidos en tres niveles, en un ambiente que combina tradición, destreza y convivencia.

Más allá del espectáculo, el tablado se convierte en un espacio sagrado durante la fiesta en honor a San Diego de Alcalá. Destaca la procesión dominical que rodea el ruedo, una práctica que, según la creencia popular, brinda protección y bendiciones a la comunidad.
A ello se suma la riqueza cultural del Ts’uulil K’áak’ (Caballero de Fuego), expresión viva que atrae a turistas interesados en las tradiciones únicas de la región.
El impacto turístico se refleja en la creciente afluencia de visitantes durante el fin de semana, quienes llegan para presenciar tanto los eventos religiosos como las celebraciones populares.
Este flujo no solo dinamiza la economía local, sino que posiciona a Nunkiní como un destino donde la cultura viva se experimenta de cerca.


A diferencia de otras comunidades donde los tablados han desaparecido, en Nunkiní prevalece la confianza en el trabajo comunitario. Intentos por sustituirlo con estructuras portátiles no lograron aceptación, reafirmando el valor de lo hecho a mano, con conocimiento local y sentido de pertenencia.
Así, entre tradición, fe y turismo, el tablado de Nunkiní aparece y desaparece cada año, pero deja una huella permanente en la identidad del pueblo; un legado que se renueva con cada generación y que sigue siendo punto de encuentro, orgullo y proyección cultural de Campeche.













