Por Karina Gómez
SAN FRANCISCO DE CAMPECHE, Camp; a 10 de fefrero del 2026.— El Foro Ah Kim Pech demostró que puede albergar grandes conciertos, aunque en esta ocasión lo que más abundó fue el eco. La esperada presentación artística de las llamadas “Guardianas del K-Pop” terminó convirtiéndose en una curiosa mezcla entre recital escolar y proyección dramatizada, dejando a más de un pequeño con cara de “¿y el baile apá?”.
La expectativa era clara: luces, coreografías vibrantes y el contagioso ritmo del pop coreano que ha conquistado a generaciones enteras. Sin embargo, lo que apareció en escena fue una especie de homenaje extendido a una conocida película y serie de Netflix —la cual muchos niños ya pueden recitar de memoria y que presume hasta galardones internacionales— pero sin el dinamismo que el público infantil esperaba.
Poco a poco, las caritas emocionadas se transformaron en miradas dispersas. Algunos niños comenzaron a moverse inquietos en sus asientos, otros optaron por practicar sus propios pasos de baile en los pasillos ante la falta de música que los motivara desde el escenario.
Caras largas y sillas vacías
El Foro Ah Kim Pech, acostumbrado a llenos vibrantes, lució amplios espacios sin ocupar. Las sillas vacías se volvieron parte del decorado involuntario, mientras que buena parte de los asistentes eran familiares de reyes y reinas del Carnaval, así como personal de la Alcaldía que acudió a respaldar el evento.

Padres de familia no ocultaron su desconcierto. El costo de los boletos —que osciló entre 100 y 300 pesos— fue considerado elevado para un espectáculo que, según comentaron algunos asistentes, “se quedó corto frente a la promoción realizada”. Para muchos, el plan era ver a sus hijos bailar, cantar y vivir una experiencia energética; en cambio, presenciaron una narración extendida con más diálogo que coreografía.
En tiempos donde el K-Pop llena estadios y provoca euforia colectiva, la versión presentada en el foro campechano dejó la sensación de que el escenario fue demasiado grande para un show que se sintió pequeño. Porque si algo enseña el Carnaval, es que el ritmo no se recita… se baila.













